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Recién nacido = cambios

Una nueva historia se escribirá cada día, con el bebé, la pareja, la familia. ¿El caos es interminable? Aunque no lo creas el sol brillará aún más, tras el arribo del recién nacido.

Por: Claudia Rodríguez, psicoanalista

La llegada de un nuevo miembro a la familia, obliga a hacer una reorganización de toda la dinámica familiar, sobre todo cuando se trata de un bebé, que de inicio es totalmente dependiente e indefenso.

¿Prueba y error?

Cada quien vive la experiencia de acuerdo a su forma de ser, a sus vivencias previas, a su situación laboral, económica, cultural, edad, red de apoyo, situación sentimental, etc. Cada quien construye un vínculo y un modo de ser con su hijo diferente y único, no hay una manera correcta de ser padres, ni tampoco existen manuales o guías que aseguren que todo estará bien o mal.

Todas las parejas tienen expectativas, imaginan cómo será su bebé y la experiencia de convertirse en padres. Lo cierto es que nadie absolutamente conoce esa vivencia, ni la de los demás, hasta que la vive desde sus propias perspectivas.

Por lo tanto, no hay una historia igual a otra, a pesar de la cantidad de libros, grupos, expertos, guías, que actualmente existen en el mercado y que intentan advertir, aconsejar, opinar y explicar sobre la maternidad y paternidad. Este tema sigue siendo un misterio, pues implica un encuentro único que atravesarán quienes están involucrados. Incluso es mágico e irrepetible para mamá, papá y los diferentes hijos.

¿Caminos insospechados?

Hay situaciones compartidas que son parte del proceso de convertirse en padres, conócelas:

  1. El mundo se vuelve imprevisible: la vida siempre es sorprendente, para los recién estrenados padres esto se agudiza. Ignoran qué esperar, hay momentos que van de la calma al caos, de la tranquilidad al agobio, cuando piensan que todo está bajo control surge otras exigencias, un nuevo aprendizaje. Entre el caos y el cansancio, de pronto todo se organiza, se tranquiliza. Lo imprevisible de la vida y de la conducta humana, se hacen evidentes ante la convivencia con un bebé, desconocedor de horarios y controles.
  2. Te sientes más vulnerable y a la vez más fuerte: hay un ser que depende completamente de ti, lo cual te coloca en una posición de mucha responsabilidad, preocupación por el futuro y atención a lo que antes pasaba desapercibido.

Los peligros se vuelven mayores y a su vez te sientes más fuerte, para enfrentarlos y proteger a tu bebé.

  1. La relación de pareja cambia: hay una reorganización, ese episodio que era de dos, de pronto es de tres y hasta cuatro. Convertirse en padres exige llevar a cabo nuevas funciones. La llegada de un bebé puede separar o unir más, pues las diferencias se hacen evidentes, la atención y los cuidados se centran en alguien más y esto suele enriquecer o ser motivo de distanciamiento.
  2. Las primeras semanas son caóticas: para algunos más que para otros, nuevamente hago énfasis en las particularidades; sin embargo, el cansancio y la recuperación posparto afecta y agobia. Se viven días y semanas de mucha vulnerabilidad, que lentamente ceden su lugar a formas más organizadas de convivencia familiar.
  3. Todos opinan y son expertos: recuerda que la única competente eres tú y el papá de tu bebé, todos pueden dar consejos y opiniones. La importancia de tener un buen pediatra es innegable; sin embargo, los únicos autorizados para decidir lo que más conviene al hijo y la familia, son quienes se hacen cargo de él, los demás comentarios se agradecen sabiendo que no son mandatos.

 

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