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El poder del mindfulness en los pequeños

No sólo los adultos necesitan vivir en el aquí y el ahora, si le enseñas esta práctica a tu hijo, además de aumentar su felicidad podrá disminuir su ansiedad. Aprende a hacerlo con sencillas tácticas.

Por: Sabrina Zavaleta

Los infantes desde que nacen pueden mostrar ansiedad, pues son sensibles a los cambios de rutinas, el clima e incluso los gritos entre los padres; por separado o en conjunto suelen provocarle esa sensación angustiante.

Conforme crece entre los nueve meses y hasta los tres años, suele sentirse nerviosos si no te ve en todo momento. Cuando se esconde detrás de tus piernas ante la llegada de un nuevo visitante en casa, es un claro signo de ansiedad. Ni que decir de las rabietas, con duración hasta por 45 minutos. Las pesadillas son otro síntoma. Es posible que se niegue a tocar ciertos alimentos cuando está estresado o nervioso.

Sólo es una pequeña lista de los signos que muestra un infante, cuando se siente nervioso o ansioso. Pedirle a un niño de entre 18 y 36 meses que inhale y exhale, para calmarse es casi imposible; sin embargo, algunas estrategias pueden lograr se relaje, se centre en el presente y se calme paulatinamente.

Concentración rápida
Lo ideal es emplear tácticas divertidas:

  • Palabras sencillas para detectar que siente, no lo abrumes con un vocabulario complicado. Observa cómo se siente y enséñale a descifrar sus emociones. Si ves que está rabioso, pregúntale: ¿te sientes enojado porque no salimos a pasear? Cuando llore, observa si se toca los ojos, probablemente está cansado y necesita una siesta. Infórmale que lo mejor es que duerma un poco, mientras lo acompañas a su cama. Aunque no lo creas estarás empleando el enfoque, del aquí y el ahora, al mantenerlo simple y darle un nombre a esa sensación, que no sabía cómo nombrar y enfocarla.
  • Nunca lo obligues, si no quiere seguir comiendo, retíralo de la mesa, porque no coma una tarde, te aseguramos que no morirá de inanición. Puedes llevarlo a lavarse las manos, al jugar con el agua se concentrará y olvidará la rabieta.
  • Abrázalo, mientras que le brindas un suave masaje en sus hombros tensos y en su espalda, sobre todo cuando lo dejes en la guardería o el kínder. Si es lo suficiente grande como un preescolar para entender sobre las respiraciones, pídele que inhale junto contigo e infle su estómago como tú; después invítalo a desinflarlo. Repítanlo tres veces, notarás como empiezan a relajarse sus músculos. Es ideal si lo dejas en la casa de los abuelos también.
  • Enséñale a apreciar lo que ingiere, sírvele alimentos coloridos y dile que las fresas son frescas, pero los plátanos son dulces y las toronjas son ácidas. Se concentrará en tratar de descifrar los sabores y bajarán sus niveles de ansiedad. Nunca lo obligues a comer rápidamente. Debe aprender a hacerlo lentamente, lo que es muy común en los niños pequeños y preescolares, ya que se toman su tiempo.
  • Llévalo a caminar al parque, permítele explorar las flores, enséñale una mariposa. Dejarás que se expanda su curiosidad, al tiempo que corre en busca de nuevas odiseas. Si le permites dirigir la aventura, estará concentrado en dar instrucciones, lo cual lo centrará en el presente.
  • Cuenta del uno al diez, no sólo servirá para que se familiarice con los números. Pero, debes acostarlo mientras le colocas un pequeño peluche en su abdomen, empieza a contar cuando inhala, ya que el objeto se moverá suavemente hacia arriba y después bajará mientras exhala. Pídele que observe como se mueve el peluche, lentamente se calmará y dejará de sentirse ansioso, si estabas por salir con él a su consulta médica.
  • Soplar burbujas de jabón, también es una excelente idea para traerlo al presente y el ahora, mientras se ríe tratando de inflarlas o incluso de romperlas.

No seas exigente

La primera vez que intentes alguna de las recomendaciones, es probable que él no lograrla, pero, con la práctica continua aprenderá, incluso a respirar lentamente mientras se concentra y calma. Recuerda que es un niño que requiere de mucho amor y paciencia para abrirse como una fragante flor. Confía en tu instinto maternal, seguro se te ocurrirán otras técnicas para calmarlo.

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