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Los temores infantiles

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¿Sabías que Muchos de los miedos infantiles, corresponden a las etapas por las que atraviesan los niños y son pasajeros? Descubre cómo ayudarle a enfrentarlos.

Por Claudia Rodríguez Psicoanalista

La infancia es la etapa en la que se construyen las bases de la personalidad, por ello es un periodo fundamental que necesita del acompañamiento de adultos que hagan la función de traductores. Los bebés y niños pequeños aún no tienen las palabras ni los recursos para poder decir: "me siento triste y por eso no quiero dormir, cuando veo a mamá angustiada me asusto y por eso no quiero separarme de ella, siento miedo cuando mis papás pelean y por eso lloro por cualquier motivo, me da miedo hacerme grande y ya no necesitar a mamá". Entonces, necesitan de los adultos para poder identificar, nombrar y comunicar de una forma más clara lo que les pasa.

La caja de los miedos

Muchos de los miedos infantiles, corresponden a las etapas por las que atraviesan los niños y son pasajeros. Terminan una vez que el niño ha adquirido un grado de madurez más complejo. Algunos miedos típicos infantiles incluyen: monstruos, miedo a los truenos, a la obscuridad, a ciertos animales, a los fantasmas, a las brujas,  miedo a que sus padres mueran o a que les pase algo.

Además, existen circunstancias que disparan los miedos y que están asociados con eventos específicos que pueden implicar simplemente un cambio o bien una situación de violencia. Por ejemplo: una mudanza, el nacimiento de un hermanito, la muerte de un abuelo o de alguien cercano al niño, el divorcio de los padres, haber tenido una operación o enfermedad que requiera hospitalización. Y del lado de la violencia puede ser que el niño esté viviendo una situación de abuso, negligencia, caos familiar, adicciones dentro de la familia.

S.O.S al rescate

En algunos casos, sólo es necesario esperar a que el pequeño madure y sea capaz de lidiar con aquello que le provoca temor, pero es importante identificar en qué casos más bien se trata de un problema que requiere de más atención y probablemente de un acompañamiento profesional. Algunas recomendaciones para papás son:

- Los niños no tienen los recursos para enfrentar por sí mismos muchas de las situaciones que para un adulto son más fáciles de enfrentar, por eso es importante siempre hablar con ellos, aunque sean muy pequeños preguntarles cómo se sienten,  explicarles lo que está pasando usando un lenguaje acorde a su edad,  y hacerlos sentir acompañados. Entre más pequeño sea el niño, menos probable será que nos responda verbalmente, sin embargo, es suficiente con que nos escuche.

- Si observamos un cambio brusco en la conducta del niño o si identificamos que sus miedos interfieren con su funcionamiento: no le permiten dormir, estudiar o jugar y lejos de disminuir van en aumento. Es muy importante buscar ayuda profesional para identificar qué está pasando.

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-Es importante ayudarlos a darle forma a sus miedos, pedirles que los describan, que los dibujen, que los actúen, que los escriban en una carta. Que los expresen de diferentes maneras de acuerdo a su edad.

- Darles tiempo, no forzarlos a hacer algo que les provoque mucha angustia (nadar, andar en bicicleta, convivir con una mascota, comer algo nuevo). Esperar a que lo puedan hacer más adelante. Confiar en que lo lograrán y saber que para lograrlo requieren de práctica, paciencia y confianza.

- Si hay algún evento inesperado o muy estresante para el pequeño, hay que hablarlo con claridad, usando un lenguaje de acuerdo a la edad del niño. Ayudarles a identificar sentimientos generados a partir de dicho evento: “¿Te sientes triste, enojado, angustiado, con miedo?”. Muchas veces las reacciones que parecerían de miedo pueden ser más bien producto de la frustración, de la tristeza, de la angustia o del enojo.

Alerta roja

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Por último, un punto esencial es saber, que cuando los niños lloran demasiado, tienen conductas de evitación muy marcadas  (no querer ir con una persona específica, por ejemplo), tienen dificultades para dormir, cambios en sus patrones alimenticios, cuando dejan de jugar, cuando de pronto no quieren hablar, cuando se alteran fácilmente casi con cualquier estímulo, etc. Es debido a que algo está pasando, no es porque sean consentidos, ni berrinchudos, ni por querer llamar la atención, ni por molestar a los adultos. Detrás de cualquier síntoma hay un sufrimiento que es necesario comprender para poder acompañar a los niños y disminuir su malestar. No es recomendable dejarlo pasar ya que lejos de desaparecer podría generar más daño y sufrimiento en el niño si no se atiende.

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