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Los niños y la tristeza

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A pesar de que los niños tienen puesta su atención en el juego y en la satisfacción de sus necesidades, la idea de que no sufren, ni sienten angustia o tristeza, es falsa.

Por: Claudia Rodríguez Acosta, psicoanalista

Al reflexionar en la niñez, es común pensar en un período de la vida feliz y sin preocupaciones, en el cual solo se quiere jugar y disfrutar de la vida; sin embargo, los niños también sienten tristeza e incluso el hecho de mostrarla, es un indicador de que algo importante está ocurriendo en el interior del pequeño. Sentir tristeza y sobre todo reconocerla, implica admitir una pérdida; es probable, que algo aparentemente carente de importancia, para él sea algo valioso. Puede ser una alteración en la rutina, un cambio de escuela, la muerte de una mascota o la pérdida de un juguete. También, están los casos en los que son víctimas de maltrato y abuso, con los cuales, es evidente el cambio en su conducta y en su estado anímico.

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Hay casos en los que el niño al reconocer esa tristeza, llora, la nombra e incluso logra explicarla, es un indicador de que es capaz de admitirla como parte de él, lo cual es importante para poder metabolizarla; sin embargo, también puede ocurrir que esa tristeza se quede enquistada, cuando no es reconocida ni hablada y entonces, provoque síntomas que aparentemente no tienen explicación  (trastornos del sueño, falta de apetito, somatizaciones, conducta agresiva y llanto constante). También puede volverse invasiva y paralizante, a medida que crece.

Asertiva para guiarlo en la tristeza

¿De qué factores depende el que la tristeza sea tolerada y procesada? De la capacidad del adulto para:

  1. Identificar que algo está pasando en el interior del nene. A veces no es fácil reconocerlo, sobre todo cuando son muy pequeños. Algunos indicadores para notarla son: se muestra inhibido, retraído y sobre todo deja de jugar y de mostrar interés o curiosidad.
  2. Permitir que viva la tristeza: no significa permitir que el chiquitín se desborde gritando y llorando, sino reconocer que algo está pasando, una situación importante que lo entristece. Al reconocerlo, cada familia encontrará la forma y el momento de ayudarle a expresarla: hablando, llorando o jugando.
  3. No angustiarse demasiado: es vital que lo dejes atravesar sus propios procesos frente a la tristeza, deja pasar el tiempo, para que vaya atenuándose.
  4. Buscar formas creativas para ayudarle a expresar la tristeza: jugando, hablando, dibujando y creando historias.
  5. Reconocer que la idea de felicidad eterna: durante los primeros años de vida, es solo una idea muy alejada de la realidad, siempre habrá altas y bajas, aún en los infantes.
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Dale tu mano

Sentir tristeza es parte de la vida, durante la niñez también aparece, pero para poder reconocerla, nombrarla, darle forma, hablar de ella y digerirla, siempre será fundamental la ayuda de un adulto, que confíe en que ese sentimiento no destruirá todo lo bueno existente. Cuando el angelito se da cuenta de que existe un adulto, el cual a pesar de todo, sigue respaldándolo sin asustarse, se genera en él un sentimiento de seguridad y confianza que le permitirá lidiar con las dificultades de la vida.

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