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La llegada del bebé: del caos a la calma

 

Inmadurez física y emocional son algunas características de un recién nacido, descubre los procesos por los que atraviesan en busca de la madurez.

Por: Claudia Rodríguez Acosta, psicoanalista

La llegada de un bebé deseado, siempre es motivo de alegría y expectativas que nos hacen imaginar un escenario feliz, con eventos agradables y otros complicados. He venido haciendo énfasis en que al hablar de seres humanos, cada caso es diferente y esta vez no es la excepción.

Hay algunas pautas generales de comportamiento de ese nene tan pequeño, capaces de ayudarnos a entender el significado de lo que pasa y desde luego, a estar preparadas para las novedades por venir.

Hay quienes afirman que para cuidar de un recién nacido, hacen falta mínimo dos adultos y estoy de acuerdo, pues el mundo de los chiquitines está pleno de caos que debe ser organizado, con el fin de que pueda convertirse en un niño cada vez más maduro, es decir, con más capacidad para regularse.

En proceso de maduración

La inmadurez neurológica del recién nacido, provoca conductas que no siempre son claras. Por ejemplo, puede empezar a llorar sin parar a pesar de no tener hambre, ni de estar sucio, ni de tener sueño, ni cólicos, sin que sepas nunca qué pasa y así también de repente, calmarse y dormir.

Síntomas confusos

Los bebés menores de 3 meses están en procesos de maduración intensos que los vuelven:

- Demandantes: entre más pequeños, menos preparados están para esperar y al mismo tiempo, son incapaces para entender razones o explicaciones. No son berrinches, sino inmadurez.

- Desorganizados: así como su cuerpo se mueve sin control, todo su ser contiene sensaciones y necesidades no organizadas. Un recién nacido puede llorar de hambre; a los dos minutos de comer quedarse dormido; y de nuevo, a los dos minutos volver a llorar de hambre. Un día tolera el ruido de la calle y al otro llora porque le incomoda. Sus patrones de sueño y alimentación no están establecidos. Es la madre quien le ayuda a organizarse y para eso se necesita mucha paciencia.

- Inmaduros: física y emocionalmente, por lo que pueden tener dificultades digestivas como estreñimiento, diarrea, cólicos, algunos no procesan bien ciertos componentes de la leche de fórmula o materna y otros presentan reacciones alérgicas o sensibilidad en vías respiratorias, flemas y mucosidades que no logran expulsar sin ayuda, etcétera. Por ello, en algunos casos encontrar la leche adecuada, dominar la técnica para despejar sus vías respiratorias e identificar el motivo de su alergia, puede convertirse en un peregrinaje.

- Únicos: teóricamente se recomienda alimentarlos en lapsos determinados de tiempo, darles cantidades de leche de acuerdo a su edad, "deberían" dormir una cantidad de horas, se esperan ciertas conductas que indican mayor grado de madurez conforme crecen; sin embargo, son humanos, no robots, algunos comen una onza y otros tres, hay casos a los cuales se requiere despertarlos para que coman y hay quienes hacen breves siestas de 20 minutos. Como todos, tienen días buenos, regulares y malos; hay momentos fluidos en los que pueden dormir plácidamente y días en los que se mantienen casi en vigilia total. Son recién nacidos, y no por eso dejan de ser humanos.

Camino acompañada

Estas características obviamente se combinan con otras menos caóticas, pero mencionamos esta vez, lo confuso para resaltar la importancia de ciertos detalles para la mamá:

- Ser paciente, con ellos y nosotras como mamás; reconozcamos que los momentos de caos son pasajeros y conforme el bebé madure, terminarán.
- Pedir ayuda: para transitar el camino hacia la madurez, es necesario que la madre esté disponible para su bebé y a su vez que alguien, esté disponible física y emocionalmente para ayudar y acompañar a esa madre; de otra forma el proceso puede ser muy difícil y extenuante. Es recomendable que la abuela, la tía, una nana, una amiga, además del padre, estén presentes al menos durante los tres primeros meses, para apoyar en el cuidado del recién nacido.
- Contar con un buen pediatra: con experiencia, de confianza y con quien se forme un equipo. Si bien, la opinión de amigos y familiares con experiencia puede ser valiosa, en cuestiones de salud, lo mejor es recurrir a un experto y seguir sus recomendaciones.

Tu particular estilo

Construir una forma propia de ser madre, de acuerdo a las posibilidades y deseos de cada quien. Hay que dejar los ideales a un lado, porque solo son eso: ideales. No hay una forma mejor ni peor de ser madre, con pecho o biberón, con guardería o con cuidado intensivo las 24 horas al día, en su habitación o en el cuarto de los papás, etcétera.

Todo eso es secundario, pues lo verdaderamente importante es que el bebé sienta a su mamá feliz de saber que existe (con esto no queremos decir que la madre nunca esté triste o ansiosa), así como que el bebé se sepa amado.

Hay que confiar en nosotras y saber que sólo el tiempo nos dará a conocer que lo hemos hecho bien.

 

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