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El origen de sus miedos

Son normales, habituales y aparecen en períodos evolutivos. Debes conocer qué los detona para que le brindes la asistencia adecuada y los supere.

El miedo es una emoción totalmente adaptativa que se caracteriza por una sensación desagradable, provocada por un peligro real o imaginario. Cuando cualquiera de estos dos tipos de peligro resultan amenazantes para el niño, su respuesta inmediata puede ser huida o paralización, además de causarle un temor que se arraiga y puede manifestarse en otros momentos, incluso cuando el peligro ya no esté presente.

Por: Dra. Erika Proal y Psicóloga Mónica Fernández

Paliativo ineficaz

Los padres se esfuerzan por disminuir el sobresalto al decirles a los niños: “no te preocupes no pasa nada”, con el fin de que ellos no se mantengan inmersos en el problema; sin embargo, esa recomendación no les ayuda sino por el contrario los perjudica pues guardan el pavor sin poder asumirlo o aceptarlo.

Cuestión de enfoques

Es importante dejar que los niños se expresen, para lo cual hay que observarlos cuando dibujen o jueguen, ya que en este tipo de actividades es posible detectar simbolismos referentes a los miedos de cada niño.

Miedos normales de acuerdo a la edad

Varios motivos los desencadenan y sabrás cómo actuar según el período por el que atraviese.

De los 6 meses al año: a pesar de que son muy pequeños empiezan a sentirlo, ya que sufren incertidumbre ante lo desconocido. Suelen temer a personas ajenas a su ambiente cercano, además si uno de sus padres se va lo empiezan a extrañar y podrían llorar, pues desaparecen sus figuras de soporte.

Es una de las razones por las cuales se recomienda que los bebés duerman fuera del cuarto de sus padres a los cinco meses.

A los 2 años: debido a que en los primeros años, los infantes suelen pasar mucho tiempo con alguna figura adulta de referencia, cuando van a un lugar nuevo muestran intranquilidad, que provoca pavor al abandono; es normal que al quedarse por primera vez en un lugar desconocido lloren y se angustien, aunque pasados unos minutos se les olvida y pueden interactuar con otras personas. También aparece el terror a la oscuridad.

A los 3 años: gente disfrazada con máscaras, botargas e incluso algunos animales les horrorizan. Es importante aclarar y separar lo que es fantasía y realidad, hablar con el chiquitín sobre lo que existe en el mundo real y en películas o cuentos es fundamental. Si se niega a disfrazarse para fiestas o eventos escolares se debe

respetar su decisión y no obligarlo a participar en dichas actividades, ya que los miedos no se superan enfrentándose directamente; pues en lugar de ayudar es probable que se intensifique el resquemor. El niño tiene derecho de acostumbrarse poco a poco a la situación a la cual le teme.

A los 4 años: a esta edad o incluso un poco antes, se acentúa el pánico a la oscuridad y a los fenómenos naturales, tormentas o rayos.

Los niños ya tienen referencia de algunas cosas que pasan en la televisión como los monstruos, lo que provoca la formación de ideas y al ver en la oscuridad sombras que parecen extrañas, les genera estrés ya que su imaginación está en pleno desarrollo. Una de las opciones para evitarlo es dejarles una luz prendida en su habitación, para que se sientan más seguros o con las puertas abiertas y tengan la sensación de estar más cerca de sus padres.

Un reflejo inmediato

Primero viene el miedo y después aparecen las pesadillas. El nene se despierta asustado por un sueño desagradable, ya que esos sucesos se relacionan con experiencias vividas recientemente, son comunes después de ver una película de brujas.

Es importante acompañar al niño y tranquilizarlo, explicarle que lo que pasa en sueños no es real. Las pesadillas no son del todo malas, al contrario sirven para que procesen temores y logren superarlos.

Salidas divertidas

El juego es una buena idea para trabajar y afrontar los miedos. En estos eventos tienen que ser acompañados siempre de un adulto y con el consentimiento del nene, practicar algunas de nuestras útiles sugerencias:

1. Peluche perdido: se trata de esconder uno de sus peluches favoritos. Con la luz apagada, indícale que hay que buscarlo, conseguirás que se olvide de su pavor al estar oscuras. Al término del juego platica con él sobre la oscuridad: ¿nos pasó algo con la luz apagada? ¿Te dio miedo?

2. Disfraces: invita a toda la familia a usar un disfraz, introduce al niño en la dinámica de fiesta, anímalo a ponerse un gorro o una capa, el querrá imitar a los adultos, especialmente, y estará encantado.

3. Fantasmas y monstruos: creen algunos con diferentes materiales (algodón, cuentas, papel de china, plumas). Es vital personalizarlos para crear historias de ellos, ponerles voces y nombres.

4. Caza fantasmas: esconder por todas la casa los dibujos realizados anteriormente, de fantasmas y monstruos, e iniciar una búsqueda a oscuras con la ayuda de una linterna. Coloca todos los fantasmas cazados en una caja que será el “atrapa fantasmas”.

Explícale que en esa caja podrán guardar todo aquello que le da miedo y asegúrala con cinta, de esta manera comprenderá que los terrores no pueden superarlo, ni impedirle que realice actividades, por eso se encierran.

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