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El desarrollo del sistema digestivo del bebé

Descubre cómo se va constituyendo con un papel más importante que sólo digerir alimentos.

Por: Alegra Ocampo

Es una aventura fascinante que inicia cuando se unen el espermatozoide y el óvulo, momento en el que se resetea el ADN de los progenitores en ese nuevo ser, es decir, los padres le heredan el genoma. Al formarse un feto en el útero de su madre, se desarrollan gradualmente tres capas de células para convertirse en los tres componentes principales de su cuerpo.

- La primera capa será la encargada del sistema nervioso y los órganos sensoriales.
- En la segunda capa se desarrollará el sistema muscular, circulatorio y esquelético.

- Mientras que la tercera capa de células conformarán el sistema digestivo, debes saber que este órgano se constituye durante la semana cinco de gestación.

La placenta es la encargada de proporcionarle los nutrientes para su crecimiento. Durante el tercer mes del desarrollo fetal, sus células estomacales comenzarán a secretar líquido. Los desechos del feto pasarán a través de la placenta y llegarán a la sangre de la madre, lo cual significa, que el sistema digestivo del chiquitín ha comenzado a funcionar.

En proceso de maduración

Hasta que cortan el cordón umbilical entra en funciones el aparato digestivo del bebé, que aún está inmaduro para cumplir con todas sus funciones.

Imagínate el estómago de un recién nacido, tiene un tamaño parecido al de una canica y sólo posee con dimensiones de cinco a siete milímetros. En los tres o cuatro días posteriores al parto, el busto producirá en promedio 20 mililitros de calostro, para que la madre pueda brindar la lactancia materna. Es un líquido amarillo, espeso y de poco volumen, por lo que cada toma, será suficiente para cumplir con los requerimientos de alimentación del bebé, a pesar de que el pequeño pierda peso. Posee una gran cantidad de linfocitos que crean una protección contra los gérmenes del medio ambiente.

Rápida evolución

Al cuarto día el estómago ya tendrá el tamaño de una nuez, con una capacidad de almacenamiento de 22 a 27 mililitros. La producción de leche materna habrá aumentado, gracias a las tomas frecuentes de los primeros días y seguirá incrementándose, hasta el día 15 de posparto para convertirse en una leche madura; entre otras sustancias poseerá bifidobacterias y lactobacilos, que son indispensables para la salud intestinal, lo que aumentará el número de bacterias buenas y malas, que conformarán la microbiota intestinal del bebé. Al cumplir una

semana de vida, el nene alcanzará un estómago similar al tamaño de un chabacano y comenzará a ganar peso.

Por su parte la leche madura, de la madre estará compuesta por agua, proteínas, inmunoglobulinas y lisozima, con poderes antimicrobianos que contribuye a la salud de la microbiota, de acuerdo con la UNICEF.

Fortalezas en camino
Probablemente notarás que durante los tres primeros meses de vida, el chiquitín escupe leche, ocurre porque el esfínter que separa al estómago del esófago, todavía es inmaduro. Por su parte, la capa mucosa que recubre el tracto gastrointestinal y protege de microbios, aún es muy delgada y puede poner al nene en riesgo, por ello es importante el consumo exclusivo de leche materna, durante los primeros seis meses de vida para que madure, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud.

Según un estudio realizado en la Universidad de California, gracias a la transferencia de microorganismos de la leche materna al intestino del niño, se constituye una microbiota sana durante los primeros meses de vida; mientras que su sistema digestivo madura y logra digerir enzimas y grasas. A los seis meses será apto para el consumo de alimentos sólidos.

La importancia de la calidad

¿Sabías que el 50 por ciento de la ingesta del bebé se va a su cerebro? Por lo que a los tres meses será capaz de generar hasta 40,000 conexiones cerebrales por minuto, que se conocen como sinapsis. De acuerdo con la Dra. Sydney Greenwalt, especialista en nutrición clínica, el nene requiere hierro para lograr que las neuronas se conecten unas con otras a través de neurotransmisores. La mielina que rodea los nervios y responsable de la transmisión de información, también necesita de hierro; ante la ausencia de este mineral el pequeño no aprenderá. Por ello es vital que la madre consuma alimentos ricos en hierro, que pasará a través de la leche materna, como carnes rojas, verduras verdes y frutos secos. El zinc también es vital para la creación de neuronas, encuéntralo en garbanzos, yogur natural, frijoles, carne de pavo y pollo.

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