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El desafío de socializar

Su primer círculo de convivencia está compuesto por sus padres y a través de ellos, aprenderá a amar y a vincularse con otros chiquitines y familiares. El desafío de socializar, descubre el proceso.

Por: Claudia Rodríguez Acosta, psicoanalista

Para muchas mamás puede ser común escuchar: “Ya le hace falta convivir con niños de su edad, tiene mamitis o ya es momento de que vaya a la escuela”; ¿hasta qué punto estas actividades son necesarias para el desarrollo de un pequeño? Esto dependerá de su edad y sus circunstancias; sin embargo, en los primeros momentos y años de vida, lo fundamental para el proceso de socialización es la convivencia afectuosa y cercana con los padres. A través de esos contactos aprenderá a amar y a relacionarse con los demás. El desafío de socializar.

Relaciones en progreso

El desafío de socializar, conforme el bebé va creciendo adquirirá mayor independencia y volteará a ver al mundo más allá de sus padres; esto lleva tiempo, es importante ser pacientes y no exigirle ideales inalcanzables. Algunas generalidades sobre los procesos de socialización infantil que pueden servir de guía son:

Sus primeros seis meses

  • La madre es fundamental, con ella se crea el vínculo primario.
  • Lo único que necesita un angelito son cuidados, amor y conexión con su mamá o de quien se haga cargo de él.
  • En este primer momento, la obligación de los padres es estar pendiente de sus necesidades y vivir literalmente para él, sostenerlo física y emocionalmente.
  • Esta primera convivencia amorosa, se convertirá en el cimiento de las relaciones futuras.

El segundo semestre de vida

  • El chiquitín ya distingue familiares de extraños, le angustia estar con desconocidos. Prefiere a su madre o a las personas que lo cuidan.
  • Es importante darle tiempo, no obligarlo a permanecer en compañía de personas con quienes se sienta angustiado.
  • A pesar de que ya no es un recién nacido, la socialización es fundamental con los papás. A través del cuidado y constancia, absorbe seguridad, aprende a tranquilizarse, a ser tolerante y a disfrutar de la compañía.
  • Es esencial el trato con los padres y como algo secundario, la convivencia con niños de su edad y otros adultos. Aún no tiene los recursos para tener una relación amistosa. Eso vendrá después.

Mayor convivencia de los 12 a 36 meses

  • Se inicia en la marcha y el lenguaje, eso le da mayor independencia que le permite jugar con niños de su edad y “alejarse” de su madre. El juego es simple y los periodos de atención cortos. Aún necesita de un adulto que esté al pendiente de él y le brinde seguridad en sus momentos de convivencia.
  • Los padres continúan como un pilar para la socialización, ellos le transmitirán seguridad y curiosidad por convivir, o temor y rechazo.
  • Es recomendable que vea cómo conviven sus papitos, cómo se desenvuelven con diferentes personas y en diferentes situaciones.
  • Aún es muy pronto para exigirle al pequeño, tener amigos o que realice conversaciones profundas y juegos sostenidos con niños de su edad. Por lo general, al jugar y presentará muchos desacuerdos.
  • Se sugiere llevarlo al parque o a lugares en donde pueda jugar con otros infantes, sólo observarlos e irse incorporando poco a poco a las diversiones.
  • Es importante darle tiempo y no obligarlo a saludar a la tía o a la abuela si no lo quiere hacer. A pesar de que ya no es un bebé, aún es pequeño y algunas veces necesitará tiempo para sentirse en confianza, incluso con personas de su misma familia.

Expansión de los tres a los cuatro años

  • El lenguaje es mucho más claro y el pensamiento está más organizado. El nene logra conversar y jugar con chiquitos de su edad.
  • Los padres siguen siendo importantes; sin embargo, a esta edad ya está listo para quedarse solo por algunas horas en la escuela, sin sentir excesiva angustia.
  • Disfruta del juego compartido, respeta más las reglas de convivencia y tiene conversaciones simples.
  • La escuela se vuelve muy importante, maestros y compañeros son los nuevos referentes para aprender a conversar, saber qué límites respetar y cómo compartir.
  • Las actividades extra escolares como karate o ballet, también promueven la socialización, pero es importante no saturarlo de clases.
  • Son recomendables dinámicas en las que pueda compartir, conversar y ejercitar su motricidad gruesa (correr, saltar, brincar en un pie). A los niños de esta edad les gusta observar e imitar a sus pares.
  • Actividades como: ir a una fiesta de cumpleaños, jugar en el parque, invitar a un compañero a la casa, ayudan a los pequeños a integrarse a nuevos espacios y relacionarse con personas fuera de la familia.

El desafío de socializar

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