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Cómo afecta emocionalmente el confinamiento a los niños

52-Cuidados-esenciales

Por: Claudia Rodríguez Acosta, psicoterapeuta

Quizás sea pronto para poder valorar los efectos psicológicos del confinamiento actual, y es complejo ya que hay muchas variables involucradas;  cada quien lo vive de diferente manera de acuerdo a sus circunstancias y, además, cuando ocurre un evento traumático muchos de los efectos se hacen evidentes después de un tiempo.

Pequeño mundo de cabeza

En el caso de los niños es mucho más difícil saber cómo están procesando el confinamiento, ya que entre más pequeños, menos posibilidades tienen de organizar, pensar y verbalizar sus vivencias. Además, la infancia, la niñez y la adolescencia, son etapas en las que ocurren cambios rápidamente y surgen comportamientos que pueden pasar desapercibidos, pensando que son parte de una etapa, pero que más bien son un foco rojo que indica que algo está pasando. No sólo los lastima, también provoca tristeza o enojo, culpa o confusión.

Es paradójico que los niños sean uno de los grupos más vulnerables y a la vez sean los menos atendidos. Respecto a la situación actual, muchas veces se cree que: “no se dan cuenta de lo que pasa, no les importa, se adaptan rápido, se les olvida, mientras estén con sus padres estarán bien”, y un sinfín de ideas que están muy alejadas de la realidad o que son más complejas.

¿Cómo afecta el aislamiento a los niños?

¿De qué depende? De la edad, de qué tanta armonía o violencia familiar exista en casa, del espacio que tengan para moverse y jugar, del estado emocional de sus cuidadores, de la posibilidad que tengan de hablar de lo que sienten y piensan, de si conviven o no con otros niños, de si ocasionalmente salen o viven en un confinamiento absoluto.

Signos de alerta

Lo que podemos decir es que una situación como la que vivimos actualmente nos afecta a todos de alguna u otra forma, los niños no lo verbalizarán porque no pueden, pero para mostrar su malestar suelen presentar conductas como:

  1. Irritabilidad, denotan mal humor, enojo, conductas oposicionistas, berrinches.
  2. Ansiedad, se mueven mucho, no pueden dormir, comen demasiado o prefieren no hacerlo.
  3. Sensibilidad a flor de piel, lloran o se enojan por todo, se desesperan fácilmente o gritan ante la menor provocación.
  4. Miedo, se asustan con cualquier ruido o tienen ideas catastróficas.
  5. Dejan de jugar.
  6. Emerge la tristeza, son apáticos, apagados, hablan poco o duermen de más.
  7. Dificultades para dormir, presencia de pesadillas, terrores nocturnos, o simplemente no es fácil que concilien el sueño.

Obviamente estas conductas pueden deberse a factores que no tengan que ver únicamente con el confinamiento, lo que sucede con esta situación es que dispara o agudiza problemáticas antiguas familiares o personales que se han arrastrado y que el encierro pone en evidencia.

¿Existe solución?

El funcionamiento humano es muy complejo, y en los niños mucho más, ya que hay que descifrar todo el tiempo qué pasa con ellos. Lo que podemos dejar como recomendación es que si los padres o cuidadores observan un cambio de conducta o de estado de ánimo evidente, requiere atención, pensar que hay detrás de ese comportamiento pues es algo que el niño necesita verbalizar y digerir. Pregúntate qué está pasando no sólo con el niño, sino con la dinámica familiar, con los padres, cómo se sienten, cómo les está afectando el confinamiento, qué problemas familiares o de pareja se han agudizado y qué alternativas existen para solucionarlo. Recordemos que mientras los cuidadores de los niños estén tranquilos y felices, los nenes tendrán más posibilidades de lidiar con las dificultades de la vida.

Es una realidad, el confinamiento puede ser bastante difícil de sobrellevar, especialmente cuando se combina con problemáticas familiares que ya existen y que se agudizan justamente por el encierro, los niños suelen salir muy afectados porque no hay posibilidad de que convivan con otras personas y en otros espacios en donde muchas veces la ansiedad, el enojo y los problemas son menores.

¿Qué se puede hacer?

La función del adulto que está a cargo de un infante es cuidarlo, ¿cómo? Es vital analizar, reflexionar qué está pasando y dejar de pensar que los niños son inmunes a los cambios, a los problemas de los adultos, a la violencia, al encierro, a la falta de contacto, etcétera.

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